Al Final del Día.

por Diego

Despertar temprando y quedarse en la cama, mirando el techo, pensando. Levantarse a tomar el primer café, fumar el primer cigarrilo y leer el diario. Disfrutar de la ducha caliente en una fría mañana, salir de la casa a tomar fotos, por el simple hecho de disfrutar de un día de otoño. Capturar el paso de la gente sin que se den cuenta, en blanco y negro, como lo refleja el día. Esa es la idea. Comer un buen plato, nada de comida rápida ni cosas “express“. Fumar el cigarrilo #7 y seguir mi camino. Camino sin final seguro, pues nunca planeo hacia donde ir realmente. Siempre camino sin rumbo fijo, a menos que sea a la casa de ella, la universidad o algo por el estilo.

Mierda, se me acaban los cigarros. Reviso si tengo dinero. 300 pesos hubiesen sido una fortuna cuando era niño, pero ahora no me entregan nada a cambio. Convencido de que no fumaré más por lo que queda del día, sigo con mi misión. Las calles parecen más angostas a medida que camino por el centro de Santiago, como si la ciudad no quisiera ser retratada por mi lente. En eso, te veo venir desde la otra cuadra. Me pregunto si tu me viste, lo que queda comprobado cuando te acercas a mi corriendo, como si no me hubieses visto hace mucho tiempo (lo cual no es cierto).

Respondo a tu cálido abrazo y te doy un beso. Siento como el tiempo se detiene unos segundos y puedo ver como las calles se abren a mi alrededor, como queriendo huir de tanta energía. Me invitas a tomar un café, te digo que no tengo dinero. A ti no te importa. Tranquilamente nos sentamos, tomo tu mano y tu me das un beso en la mejilla. Me encanta. Conversamos por horas y el día lentamente se transforma en noche. Camino contigo hasta el paradero para esperar la micro que te llevará a tu casa, lejos de mí. Nos despedimos con un beso, de esos que te dejan con ganas de que ese momento dure para siempre. Te vas y yo regreso a mi casa. Sé que te volveré a ver, más temprano que tarde. Ojalá te hubieses quedado conmigo esta noche.

Al llegar, ya es tarde. Exploro en mis bolsillos y encuentro la cajetilla, vacía, como los ojos de “Don Miguel“. Busco en el refrigerador y preparo algo para comer. Veo las noticias en la tele para enterarme que fue lo que me perdí de este día, aunque en realidad no me importa. Miro tus fotos y sonrío. Al final del día lo único que queda es este relato y los mismos pensamientos con los que comenzó todo. Esos que me dicen que, aunque lo quiera o no, ya no puedo separarme de tu lado, pues soy dependiente de tí.