Noche Dulce.

por Diego

Es extraño caminar por la ciudad un jueves por la noche. Si sabes observar, te darás cuenta que la gente (que no es tanta como se suele creer) camina apurada; algunos para llegar al refugio que significa el hogar, otros para llegar al carrete que recién esta comenzando, en la casa, en las mesas de algún pub o en alguna disco. Cualquier forma de distraerse es válida. Otros prefieren quedarse encerrados viendo las mismas noticias que vieron al mediodía, como si las respuestas estuvieran ahí.

Algunos salen en búsqueda de aquella persona que les haga olvidar, y que los haga feliz, quizás por unas horas nada más. O por el resto de sus vidas, eso sería mejor. Son varios los que prefieren ahogarse en el vil alcohol, buscando borrar sus pensamientos, para ver si mañana el día será mejor que el que acaba de terminar. En el fondo todos buscan una solución a sus problemas.

Yo prefiero caminar bajo las luces de Av. Providencia, con mis audífonos a todo volumen, mientras Francisca Valenzuela canta “Dulce“. Para mi, ese es el mejor remedio para mis problemas. Aunque sean pequeños problemas.

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