Metro.

por Diego

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Los altavoces ya anuncian la próxima estación, mientras mi reloj marca las 9:37 a.m. Me bajo en “Universidad de Chile”, cambio de andén y elijo uno de los asientos naranjos para comenzar a seleccionar a las víctimas de hoy. Al rato después la gente comienza a invadir el lugar, apareciendo por las escaleras para llegar al metro. Algunos suben apurados, otros, quizás con más tiempo, deciden esperar. Hay mucho de donde escoger.

¿La mujer del traje gris con ese prendedor que brilla desde cualquier ángulo? ¿El hombre que habla por celular y se mueve de un lado a otro como si estuviera en la oficina? ¿El grupo de escolares que ríe sin preocupaciones? Al final me quedo con la pareja de enamorados que tengo al frente; se ven tan felices que nada a su alrededor parece afectarlos. El momento es ahora, debo hacer algo al respecto.

Preparo mi equipo, me concentro en mi objetivo y cuando todo ya está listo, disparo. Una, dos, hasta tres veces. Quito la vista de la mira y me percato que la pareja ya no está. Reviso y ahí están, ya los tengo. No hay gritos, no hay alarmas, todo sucede con una calma bastante particular. Ahora voy a ir a mi casa, descargar mi máquina y subir las fotos de mi “cacería” para que el mundo las vea y las comente. Si con eso logro que alguien se conmueva, entonces mi trabajo ya esta hecho. Esta noche puedo dormir tranquilo.