Recuerdos del Bonsai #2.

por Diego

Este es otro extracto de Bonsai #1, un fanzine que alguna vez escribimos con un amigo.

Ya el café no me explica nada más que el amargo tono de su dulzura que enajena a la mente de cualquier similitud contemporánea. Ya no habla ni siquiera la densa amargura que con agua y azúcar intenta soslayar de alguna forma lo que pasa en el día. Ya la coartada perfecta se insinúa en la espuma agrietada que nace vaporosamente inherente a su cuerpo desmenuzado, donde no me queda más que los granos partidos de los que fue algún día su madre: el grano.

A su azucena, nace de nuevo con el agua llena de aspiraciones que la llevarían a la mismísima candidez… la ebullición.
No puedo escupir sobre él, porque ni gana; ni la gana siento de hacerlo. Ya no me compensa lo vaporoso que puede mostrarse frente a mis ojos, ni lo llenador que pueda ser su cuerpo. Ya no lo deseo, porque conmigo se acuesta y después se va de parranda con el escusado donde no lo viento, sino que lo elevo en el vapor.

Es su sombra que queda, y no su mente; es su muerte, no es su vida la que prendo por su familia al beberlo. Ya no solo eres, sino nada más que agua vertida en más agua de “guater” hediondo a “pichi” y con suerte eso… porque ni siquiera espero uno de esos. Un poste que se amedrente por el olor a orina de otros.

Ya se me acaba el día, y me calentaste el cuerpo, pero mañana te tendré otra vez con seudo olor a café en mi aguardiente boca. Allí estaré borracho nuevamente esperando que pase el carro del café para mendigarte entre harapos; en un banco de una plaza, en mi oficina fresca a mi hedor; donde me eres servido por el verdugo.

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