Ellos.

por Diego

Estos últimos días se han aparecido fantasmas de mi pasado. No me refiero a familiares, sino a ex-compañeros de colegio. Alguna vez me referí a ellos como “fantasmas”, que les tenía alergia. Y eso no ha cambiado. Pero esta repentina aparición de personas que alguna vez conocí me hace pensar que, quizás debí haber mantenido un contacto con ellos, aunque sea anotar sus números de teléfono, para que se pierdan en la agenda del celular.

Les cuento: hace unos días recibí un mail donde unos ex-compañeros de educación básica (14 años atrás) llamaban a reunirse, a recordar esos días de pizarras de tiza, kermeses y actos para el día de la mamá. La verdad es que si me acuerdo del nombre de alguno de ellos es porque algo de memoria me queda o porque nunca perdí el contacto (éste es un único caso). ¿Para qué reunirse a conversar? ¿Cuál es la idea de acordarse de los juegos infantiles, de dulces comprados con monedas de $10 pesos que nos daban nuestros padres o de el sonido de la campana para entrar a clases? Si quisiera haber mantenido algún lazo de amistad con elloslo habría hecho, en serio (tal como lo hice con Javier, el caso único que mencioné anteriormente). Si no lo hice, razones de peso tengo.

Lo más gracioso es que, después de ese mail, algunos de estos “fantasmas” me agregaron a MSN, pero ese fue su máximo acercamiento. Ni siquiera se han dignado a tipear un “hola“. La verdad, no sé como reaccionaría si lo hicieran, así que mejor que no lo piensen. Menos mal que desactivé mi cuenta de Facebook.

Para terminar esta ola de apariciones, hoy vi a una ex-compañera en el metro. Ella iba sentada, a unos pocos metros de mi. No recuerdo su nombre, pero creo que alguna vez la llamé “amiga”. Desconozco si me vio y, si lo hizo, no creo que me haya reconocido. Igual ahora me pregunto que hubiese pasado si nos hubiéramos saludado; mejor dejo de pensar en todo eso. Tengo suficientes “fantasmas” acompañándome para agregar otros.