El Hombre Más Feliz del Mundo

por Diego

Nuestras conversaciones eran únicas. Podíamos hablar de todo, sin ningún problema. Desde vanalidades como los programas de la tele, hasta nuestros más profundos secretos. Los silencios no eran incómodos y muchas veces comunicaban más que todas las palabras que habíamos dicho antes. Cuando nuestras miradas se cruzaban, sólo sonreíamos y eso era suficiente.

Las chelas, las caminatas, las fotos, las risas, los besos, los abrazos, los saludos y las despedidas. Todo eso y mucho, mucho más estarán en mi memoria por siempre. Y si mañana todo vuelve a suceder, aunque sea la última vez, te aseguro que sería el hombre más feliz del mundo.