La ciudad, mi persona y mi alma

por Diego

Salgo de mi casa y camino hacia el metro, mientras la lluvia no para de caer sobre la ciudad, mi persona y mi alma. No pasan ni 2 minutos y el agua se ocupa de empaparme entero. Bajo las escaleras, saco la BIP! y comienzo mi rutina.

Al llegar a mi destino la cosa no cambia. Salgo del subterráneo y lo poco que logró salvarse de la lluvia, ahora se transforma en su nueva víctima. “Que le hace el agua al pescado” digo en voz baja y lentamente avanzo hacia la oficina. Y ahí, al frente del quiosco de la esquina me encuentro contigo. Y no dices nada.

Nos miramos sin importar que el agua siga mojando todo. Bajas la vista como queriendo decir que lo que acaba de pasar te pesará por el resto del día. No sé porque, pero espero que así sea. Los segundos siguientes se sienten como si fueran horas eternas y al fin te propones decir algo: “Hola, lo siento, voy apurada, tu sabes…” y claro, yo lo sé y no me importa. Asiento con la mirada y aprovechas mi aprobación para salir corriendo en dirección contraria a la mía. Veo como te alejas y miro el reloj. Ya voy atrasado.

Pongo los audífonos y subo el volumen a 10, presiono play y Lou Reed me dice “She ain’t got nothing at all“. Sonrío y camino, lentamente, dejando que la lluvia termine de hacer su trabajo.